Archive for the 'Senderismo' Category
La Biblioteca
Carlos February 7th, 2010
| El relato anterior realmente se llama “La biblioteca” pero le cambié el título por no desvelar de entrada lo que iba a pasar. Por si alguien le interesa, lo podéis encontrar en formato PDF aquí. |
En la cima (y VI)
Carlos February 6th, 2010
Yendo al trabajo en metro, Sebas se puso a leer su nuevo libro, y pasada casi media hora, cuando más metido estaba dentro de él, de repente, alguien se lo quitó de las manos. Sebas se asustó, levantó la mirada y vió a Martina, su compañera de trabajo desde hacía muchos años.
- ¡Me has asustado!
- ¡Buenos días! – Martina sonrió – anda, ¿te has comprado este? Dicen que está bien pero no es mi estilo.
- No, no lo he comprado, no es mio.
- ¿Te lo han dejado?
- No realmente.
- ¿Es de la biblioteca?
- Si, se podría decir que si.
- Uy, hoy no estás muy hablador. Anda toma, guárdalo que casi hemos llegado. Luego seguimos hablando.
FIN
En la cima (V)
Carlos February 5th, 2010
Y se lanzó:
- Perdona, ¿te puedo hacer una pregunta?
- Claro, por supuesto. Dispara.
- Acabamos de llegar, somos nuevos y no conocíamos esta bibl…este lugar, vaya.
- ¿Cómo? ¿Y cómo habéis entrado?
- Encontramos la llave en la ventana, y ya sabes, la curiosidad mató al gato. Espero que no te haya molestado.
- No, es igual. De hecho, la llave está ahí por algo. No te preocupes.
Sebas superó la tensión del momento y se relajó cuando escucho esa última frase de Lupo.
- Empezaré por el principio. Estáis en una biblioteca, si. No tiene nombre, pero al menos yo la conozco como la biblioteca de
Augusto, supongo que el resto de gente le habrá puesto otro nombre diferente.
- Te escucho – Sebas se sentó en la otra silla, y Toni hizo lo mismo pero en el suelo, abrazándose las rodillas con ambos brazos – ¿por qué de Augusto?
- Augusto es otro senderista, ya con bastantes dolores en su cuerpo como para subir aquí. Pero fue él quien inició “esto”.
- ¿”esto”?
- Si, él desde siempre, desde niño frecuentó estos caminos. Subía aquí a disfrutar del campo, de la soledad y de las vistas. Era muy feliz recorriendo estos caminos. Tenía una costumbre muy particular cuando subía aquí, se apartaba del camino principal y se metía por el bosque, buscaba un árbol y se sentaba en el suelo, apoyándose en él, sacaba el libro que estuviera leyendo en ese momento y se ponía a leer un rato. Y así se pasó mucho tiempo, pero luego pensó que si escondía bien el libro, no tendría que estar subiendo y bajándolo cada vez que venía, que creedme, era muy a menudo. Buscó un buen escondrijo y metió el libro, y durante años, pasó tiempo subiendo aquí a leer, sin libro en la mochila, salvo cuando había terminado el libro y tenía que traer otro
- Qué curioso.
- Algún día subía algún libro de más y lo escondía junto a otros, tenía ya unos cuantos aquí escondidos. Hasta que alguien, descubrió el escondite.
- Y se los robaron – dijo Toni.
- No, afortunadamente la persona que lo encontró tenía buen corazón y no robó ningún libro, pero si que cogió uno, a cambio dejó el que llevaba en la mochila ese día. Pasó el tiempo y fueron intercambiando libros, primero esas dos personas pero luego se añadieron más. Obviamente, había que dar una solución, porque a aquel ritmo llenarían la montaña de libros.
- ¿Qué hicieron? – preguntó Sebas.
- Augusto decidió construir esta pequeña sala. Con sus propias manos, y la ayuda de familia y amigos la construyeron casi de forma clandestina, haciéndola parecer vieja y ruinosa, para que nadie se extrañara, la idea era convencer al que no conocía el juego de los libros que esto era una ermita abandonada, cerrada por las autoridades y sin posibilidad de ser visitada. Gracias a la ayuda de tanta gente, pronto quedó inaugurada esta biblioteca. Augusto puso sus reglas, después de todo, era el artífice y no quería que se descontrolara. Las reglas eran simples, todo aquel que quisiera sacar un libro de la biblioteca debía dejar otro a cambio, al menos uno pero podía dejar más si quisiera, y aunque no había plazo para devolverlo, tarde o temprano debía hacerlo y traerlo de vuelta. Como tercera y última regla, nadie debe decir nada sobre este sitio a nadie excepto a su familia más cercana que inevitablemente se podía preguntar de donde salían los libros que llevaba alguien a casa.
- Increíble. Me parece increible que algo así haya pervivido durante… ¿Cuánto? ¿dos, tres, cinco años? – preguntó Toni, entusiasmado.
- Muchos más, casi treinta ya. La historia completa, más detallada, la podéis encontrar en algún libro de la biblioteca, un compañero la escribió en señal de gratitud a Augusto.
- Tengo una duda. El que no aparezca en el mapa, ¿es casualidad?
- No – Lupo esbozó una sonrisa – Augusto confiaba mucho en la gente, pero en el fondo sabía que si aparecía en el mapa, esto se llenaría y más pronto que tarde, alguien se aprovecharía de la situación. Un libro no vale nada, pero si es gratis, la gente lo cogería sin miramientos, ¿no?
- Si, me temo que si – dijo Sebas – ¿cómo lo hizo entonces?
- Augusto era cartógrafo de profesión. Se ofreció al ayuntamiento para elaborar los nuevos mapas de los montes, haciéndole creer que los antiguos estaban obsoletos y contenían muchos errores. Realmente no había tantos, pero Augusto les convenció que era necesarió elaborar los mapas desde cero y se ofreció a hacerlo gratis para conseguir que el ayuntamiento le aceptara como cartógrafo.
- Claro, y así consiguió dejar esto en blanco totalmente.
- Exacto. Lo dejó en blanco, nadie en el ayuntamiento se preocupó de cotejar nada, se imprimieron y distribuyeron los mapas; y hoy día afortunadamente, a la vista está, sigue apareciendo en blanco sin que nadie haya hecho nada.
- ¿Podemos curiosear?
- Por supuesto, ya conocéis las reglas, respetadlas por favor.
- Confía en nosotros, lo haremos.
Estuvieron un rato ojeando los libros, ya no pasaban sus manos sobre los lomos con miedo, ya lo hacían convencidos, como si estuvieran en una biblioteca de la gran ciudad. Eligieron uno cada uno y dejaron los que habían traído. No habían terminado de leerlos, pero no les importaba, de alguna manera, al cambiar los libros se sentían parte de aquel proyecto de Augusto, de aquella original idea y eso les compensaba.
- ¿Debemos dejar los libros en algún lugar especial? – preguntó Toni.
- No, dejadlos dónde queráis, en cualquier estanteria. Algún día deberíamos ordenarlos de alguna forma, si os aburrís y tenéis tiempo, no dudéis en hacerlo – Lupó les guiñó un ojo.
- Perfecto, los dejamos aquí – Sebas había elegido la estanteria más cercana a la puerta para dejar ambos libros – Ahora nos marchamos que se nos ha hecho tarde.
- De acuerdo, pasadlo bien lo que queda del día. Yo seguiré leyendo un rato y en seguida bajaré también – les despidió con una amplia sonrisa.
- Cuídate Lupo, nos volveremos a ver – Toni alargó la mano a Lupo. Sebas hizo lo mismo inmediatamente después.
Recogieron sus mochilas, se ataviaron y salieron de la biblioteca. A buen ritmo estaban descendiendo hacia sus casas, la emoción, además de la posible preocupación de sus respectivas mujeres por la tardanza, les hacía ir más deprisa que de costumbre, arriesgando incluso a torcerse algún tobillo en la bajada del monte.
Pero llegaron abajo sin ninguna complicación, cogieron el coche y el conductor, Toni, primero acercó a Sebas a su casa, para luego continuar hasta la suya.
Ambos descansaron bien, con un nuevo libro en la mesilla de noche, un libro que tenía polvo, pero que olía a monte, caminos, senderistas, etc. y eso multiplicaba su valor de forma incalculable. El día siguiente era lunes y había que madrugar para ir a trabajar, ni Toni ni Sebas vivían de sus rutas de fin de semana, necesitaban trabajar para poder seguir sobreviviendo en la jungla urbana.
Continúa …
En la cima (IV)
Carlos February 4th, 2010
De repente la puerta se abrió, y asomó por ella la cabeza de un senderista.
- ¡Hombre! Hoy tengo compañía – dijo con entusiasmo el nuevo visitante, dejó la mochila apoyada en una silla y alargó la mano a Toni que era quien más cerca estaba de la puerta.
- Si… esto… – balbuceó Toni, casi como un niño pequeño.
- Me llamo Lupo, o al menos así me llaman, ¿quiénes sois vosotros?
- Hola, yo soy Sebas y este es mi compañero Toni, somos de por aquí – le correspondió Sebas el saludo a Lupo.
- Encantado de conoceros, ya hacía tiempo que no veía a nadie por aquí.
El recién llegado se sentó en la silla, junto a su mochila y empezó a desabrochar las cintas de la parte superior. Movía las manos con gran agilidad, pero hablaba todavía más rápido, contrastaba con la tranquilidad y la lentitud de Sebas y Toni, sobre todo en aquel momento de incomprensión.
- A ver dónde lo tengo…si, aquí está – sacó un libro de la mochila, tapa dura y lomo oscuro y sobrio, desde luego no era un cuento infantil – hoy dejaré este, he estado toda la semana leyendo el doble de lo habitual, con la idea de terminarlo y poder dejarlo. No se si será muy ameno pero es interesante, trata sobre los pueblos íberos que se asentaron en estos montes antes de la llegada de los romanos.
Toni y Sebas no entendían mucho, dudaban entre preguntar o dejarlo estar y salir de allí por el mismo sitio que habían venido.
Pero Sebas, mucho más tímido que Toni, recordó una frase que en el colegio le repetían muy a menudo: “Más vale un minuto de vergüenza que una vida de ignorancia.”
Continúa …
En la cima (II)
Carlos February 2nd, 2010
El sendero a ratos no parecía tal, había que intuir mucho por donde seguir. Las ramas de los árboles habían crecido de tal manera que lo tapaban parcialmente, no obstante a veces se abría tanto que parecía que terminaba en un simple claro. Afortunadamente, la intuición de los dos funcionaba y avanzaban a buen paso, incluso se permitían el lujo de ir comiendo las dos barritas energéticas que habían dejado fuera.
Anduvieron unos 15 minutos con una mezcla de sensaciones, por un lado la emoción por avanzar hacía algo que desconocían, últimamente se tiene tanta información que no es una sensación frecuente, y por otro la sensación de extrañeza por estar siguiendo algo parecido a un sendero hacía un lugar desconocido alargando la ruta del día y que muy probablemente no aportaría nada especial
Sebas, que iba primero, se paró en seco e hizo a Toni apartarse a un lado para no arrollarlo. Levantaron la vista y supieron que habían llegado al final del sendero, miraban asombrados, no esperaban encontrar aquello.
- ¿Qué es esto?
- Parece una ermita, pero ¿cómo es posible que haya una ermita aquí y no aparezca en el mapa topográfico nacional? – Toni se mostraba casi indignado.
- Estas cosas pasan, quizá sea de reciente construcción y no les haya dado tiempo a incluirlo en esta edición. O simplemente, no siguieron el sendero, supondrían que no habría nada más, o incluso se pudo acabar el dinero para pagar a los responsables de cartografiar la zona, ¡qué se yo! – le contestó Sebas.
Rodearon la pequeña construcción buscando algún dato sobre la misteriosa ermita. Lo hacían por motivos muy diferentes, mientras Sebas lo hacía por curiosidad, Toni lo hacía por completar los datos técnicos en su cuaderno.
- Si es una ermita, tiene que estar construída para venerar a alguien. Si no, no es una ermita. No se lo que es, no tiene ningún cartel ni nada que indique qué es esto – dijo Sebas.
- Cierto, pero saldremos de duda – le respondió Toni, mostrándole una pequeña llave – estaba ahí, enterrada en la arena del alfeizar del ventanal, tras los barrotes.
Continúa …
En la cima (I)
Carlos February 1st, 2010
Sudando, se sentaron encima de dos piedras. Como si fueran gemelos, mantenían la misma pose: las manos en las rodillas, el cuerpo inclinado hacia delante, la boca abierta y la respiración agitada.
- ¡Buah! ¡Estoy muerto!
- Si, yo también. Este último tramo ha sido más duro de lo esperado pero lo hemos conseguido, hemos llegado a la cima, Toni.
- Ha valido la pena, echa un ojo a las vistas sobre la ciudad.
Sebas se levantó y se acercó al saliente, las vistas eran preciosas. Se divisaba la gran ciudad por completo, de punta a punta. Tenían cierta experiencia senderista en tierras lejanas a la suya pero nunca habían subido a aquel monte tan cerca de casa, quizás por menosprecio a una ruta que prácticamente no aparecía en ninguna guía ni era muy comentada entre los amigos y compañeros de fatigas.
- Es increible, me encanta la vista. Voy a echar una ojeada alrededor, no te muevas.
Mientras, Toni se quedó contemplando el paisaje, también estaba fascinado. Se divisaba la mayor parte de edificios representativos de la ciudad como la catedral, el palacio real, el estadio de fútbol, los rascacielos de la zona financiera, etc. Pasados unos minutos se dispuso a escribir en su cuaderno los datos técnicos. Apuntaba cuánto tiempo les había llevado subir, la distancia que marcaba su GPS de mano, el perfil aproximado de la ruta, los hitos más importantes del camino, etc. Empezaba a ponerse nervioso al ver que Sebas no volvía, pensó que le podría haber pasado algo pero no, apareció al rato.
- Toni, ¿qué dice el mapa de aquella zona? – dijo Sebas señalando el lugar por el que había aparecido.
- Déjame ver – Toni escrutó el mapa –Es raro, no aparece nada.
- ¿Nada?
- Si, nada. No hay ni vegetación según el mapa, pero no hay caminos, ni fuentes, ni nada. El mapa no indica nada, debe ser un error de imprenta; no estamos en el sitio más turístico del mundo pero estamos a 20 kms de una ciudad de 3 millones de habitantes.
- Extraño, hay un sendero tras los matorrales pero apenas se ve.
Se acercaron a aquellos matorrales.
- Puede ser un antiguo camino – dijo Sebas – a algún lado llevará.
- Sea lo que sea, recogemos nuestras cosas y nos volvemos. Ya hemos hecho el monte, podemos poner otra aspa a nuestro historial.
- Sigamos el camino, no se trata de poner aspas.
Toni aceptó a regañadientes, él tenía muy claro a qué había venido. En estas cosas a menudo chocaba con Sebas, mucho más impulsivo e imprevisible que él. Dejaron fuera dos barritas energéticas para recuperarse del esfuerzo y recogieron el resto de cosas, cerraron las mochilas y apartando la maleza, se adentraron en aquel pequeño sendero que se dirigía a la nada.
Continúa …
Subida a Sant Onofre (V)
Carlos January 18th, 2010
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Llegados este punto, debemos volver al inicio de la ruta. Para volver a la esplanada cerca del monasterio podemos desandar lo andado o buscar otro sendero similar al que hemos utilizado para subir, está en la parte contraria a donde está la ermita en la cima. Hay una pista que llega a la urbanización de La Vallençana, seguramente oiremos los ladridos de los numerosos perros de aquellos chalets, pero a nosotros nos interesa el monte así que bajamos por el senderillo, no por la pista. Una vez llegados a la esplanada, deshacemos lo andado volviendo al crucero. En mi caso, el día había mejorado e hice alguna foto más. ![]() Debemos continuar por la pista pasando el crucero, pasaremos por Can Butinyá, una casa de propiedad privada que se asienta en lo alto de la colina que nos separa de ver el litoral. Pasada Can Butinyá, iremos descendiendo hasta encontrar la señalización de la Torre Pallaresa, del siglo XVI, a nuestra derecha, entre los árboles la veremos. Es propiedad privada por lo que no se puede acceder fácilmente; si nos fijamos en la torre, es prácticamente igual que la torre del monasterio de Sant Jeroni que hemos pasado. ![]() Desde la Torre Pallaresa, nos quedan apenas unos minutos para primero cruzar de nuevo la B-20 por otro punto y para salir del parque. En la salida del mismo llegamos ya al asfalto de las calles de Santa Coloma, aunque la tendencia general tiene que ser la de ir bajando hacia la estación de metro, aún debemos girar a la izquierda y subir la cuesta hasta el IES Torrent de les Bruixes que está arriba del todo y desde donde se puede ver Badalona y Santa Coloma, merece la pena este último esfuerzo. En las paredes exteriores del instituto hay graffitis con mejor gusto que los que hay en Ca l’Alemany o la Cruz de Montigalá. Este es un ejemplo de un autobús escolar, muy apropiado: .Finalmente desde aquí arriba, podemos o bien coger el autobús 801 que nos lleva hasta Fondo, o mejor, continuar caminando unos 15-20 minutos atravesando la ciudad, el sentido común nos dice que debemos ir bajando siempre (en mi caso bajé por las calles Perú, Montevideo, Sicilia y Beethoven), llegando al punto de partida para mezclarnos de nuevo, posiblemente con olor a campo y con barro en las botas con la gente arreglada pero formal de la civilización. Por si a alguien le interesa, he publicado esta ruta en Wikiloc para poder seguirla más a fondo, además de crear un post único con toda ella (ya que la he ido escribiendo a trozos por falta de tiempo). |
Subida a Sant Onofre (IV)
Carlos January 17th, 2010
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Volvemos a la esplanada anterior por el mismo camino, refrescándonos si es necesario en la fuente que hay a la salida, con forma de león a la que ya fotografié en la anterior visita. Ya en la esplanada, debemos continuar por el camino más grande, el que está bloqueado para vehículos con una cadena, evitando los múltiples atajos que salen de él. Desde aquí y hasta Sant Onofre hay unos 20 minutos subiendo en el tramo más duro de la excursión, no es excesivamente duro pero si que se nota la diferencia con lo andado hasta ahora. A pocos minutos de subir, en una curva a la izquierda, una torre eléctrica nos sirve de referencia para pararnos y contemplar la vista. Más adelante contemplaremos la misma desde un punto más alto, pero esta no es mala, ni mucho menos. Seguimos subiendo y de nuevo tomamos otra torre eléctrica como referencia en este caso nos sirve para conocer el desvío que hay que tomar. Dejaremos el camino principal que llegaría hasta el Puig Castellar (no sería malo tampoco) para tomar un sendero pequeño y en algunos tramos apenas percibible que sube ya de forma seria hasta la ermita. En algunos momentos y dependiendo del estado del suelo, puede resbalar con la arena y es conveniente usar alguna mano que otra para asegurar, que no está prohibido hacerlo Subiremos y subiremos, al principio es necesario intuir la ermita pero en seguida ya la tendremos a la vista; a pocos metros de llegar a ella, una piedra más grande que el resto sirve de perfecto asiento para sentarse y contemplar ahora si, la espectacular vista sobre la Sierra de Marina, se ve todo el litoral barcelonés, con el perfil de la ciudad al mar. Es en estas situaciones cuando uno se siente pequeño y siente como la maraña de la vida se va desliando para comprender muchas cosas que sobre el asfalto no se entienden. La foto no es muy buena, he intentado arreglarla pero no lo he conseguido mucho. ![]() Pero miremos para arriba, tenemos casi al alcance de la mano la pequeña ermita. ![]() Terminamos de subir y la vemos de frente, pequeña y solitaria. Firme en su decisión de dominar la colina. Dentro apenas hay sitio para una docena de personas, se ven los bancos y el pequeño altar, se ve limpio, alguien debe tener la llave y sube a limpiarla, quizá a dar misa, o quizá suben en romería los vecinos de Badalona o Santa Coloma. Poco se de esta ermita. ![]() Pero espera un momento, ¿qué hay ahí al lado? Una piedra con una placa en ella, me acerco a ver si cuenta algo de la ermita. No hay suerte en ese sentido, pero si en otro. La placa está dedicada a A. María Bosch Beltrán, y según dice, excursionista y mantenedor de la Festa de l’Arbre (fiesta del árbol, en castellano). ![]() Continúa en el siguiente post … |
Subida a Sant Onofre (III)
Carlos January 16th, 2010
Seguiremos la pista hacia el monasterio, con cuidado de algún posible coche que pueda pasar. Veremos a la derecha a lo lejos el enorme hospital Can Ruti, y de frente el monasterio.![]() Se distingue la torre de defensa, el campanario, los arcos exteriores del segundo piso del claustro. Los monasterios evocan silencio y respeto al exterior, no hace falta entrar en ellos, se siente según te acercas a él por la pista. En apenas 5 minutos llegamos a una esplanada, de frente una cadena bloquea el paso a los vehículos motorizados pero no a los caminantes o a las bicicletas. A la derecha, sale un camino hasta el monasterio, tomaremos este camino, merece la pena acercarse a él. La historia dice que Bertrán Nicolau, un rico mercader barcelonés consiguió el permiso del papa Benedicto XIII de Aviñón para fundar un monasterio de la orden de los jerónimos. Lo hizo en el Garraf, en 1413. Pero decidió vender aquel y comprar un terreno y una casa en el Valle de Belén, Ça Murtra. Y es entonces, en 1416 cuando funda este monasterio que cambió el apellido de “Valle de Belén” por el de “la murtra” haciendo referencia al arbusto arrayán (en catalán murtra) que crecía en esta zona. El episodio más famoso de este monasterio es el del recibimiento de los reyes católicos a Cristobal Colón en 1493, a su llegada del descubrimiento de América. Según cuenta su hijo Hernando en su obra Historia del Almirante, Colón llegó a Lisboa de su primer viaje, de ahí izó velas hasta el puerto de Palos para dirigirse por tierra primero a Sevilla y luego a Barcelona, donde se encontraban los reyes católicos. Y es en este monasterio donde le recibieron “con toda majestad y grandeza en un riquísimo trono bajo un baldaquino de brocado de oro. Cuando él (Colón) fue a besarles las manos, se levantaron al tenerlo cerca, como gran señor, le pusieron dificultad en ofrecerle la mano y a continuación le hicieron sentarse“. Se puede visitar los domingos, yo aún no he tenido el placer de hacerlo así que poco puedo comentar sobre su interior. Fuera, sentado en el murete que da a la riera uno se fija que a pesar de ser sencillo, tiene su belleza, y busco una foto que llevarme a la boca. ![]() Continúa en el siguiente post … |









