Cuestión de proporciones
Carlos June 2nd, 2010
- Mucha pared y poca ventana.
- ¿Para qué quieres más? Si fuera al revés, todo el mundo te vería.
- ¿Tienes algo que esconder? Yo no. ¿Por qué la gente se empeña en esconderse?
Carlos June 2nd, 2010
- Mucha pared y poca ventana.
- ¿Para qué quieres más? Si fuera al revés, todo el mundo te vería.
- ¿Tienes algo que esconder? Yo no. ¿Por qué la gente se empeña en esconderse?
Carlos June 1st, 2010
Dos columnas con capiteles corintios flanquean la puerta de la iglesia. Bajo una de ellas, se sienta agachada la vieja del pañuelo; forma un ovillo con su cuerpo, pero su brazo huesudo y alargado se extiende hasta casi tocar las piernas de los turistas. Estos esquivan esa mano como pueden, algunos gesticulan como si tuviera la lepra y se contagiara por un contacto de medio segundo.
Es una mano tendida hacia la esperanza que apenas recibe unos euros al día para poder comer un bocadillo en el bar de en frente. De repente, alguien se acerca a ella y la levanta con delicadeza, le dice algunas palabras al oído y la ayuda a meterse dentro de la iglesia. Inmediatamente empiezan a salir muchos turistas de la iglesia, huyen despavoridos al ver la muerte tan cerca. Es una escena no nueva para mi, de hecho es la que estaba esperando para entrar a la iglesia.
Entro y me acerco al hombre, es el abad, está dando unas monedas a la anciana. Por mi cara sabe que no caigo en la trampa de pensar que es un acto generoso su donación, antes de que pueda decirle nada, me dice:
- Lo siento, está cerrada.
Y nos echa, a la muerte y a mi, a las columnas de mármol de fuera.

Carlos April 13th, 2010
Iba y venía por la casa, abría la nevera y no cogía nada, miraba el móvil cada minuto. Se veía desde bien lejos que Jon estaba nervioso, no era un quinceañero ya, pero había quedado con la chica que le gustaba y el tiempo pasaba muy lento para él.
Su padre Ander, tranquilo como siempre, leía un libro en el sofá del salón. Saboreaba cada página del libro, se le veía disfrutar como un enano. Sabía lo que le pasaba a su hijo, a él le había pasado lo mismo veinte años atrás.
- ¿Te puedo ayudar?
- ¿Tienes un GPS? ¿O una conexión a internet? Ah no, se me olvidaba que esto no es una casa, sino una caverna.
- No tengo GPS, y sabes que Internet está estropeado. Tranquilízate hijo, que todo irá bien.
No convenció a Jon, así que su padre insistió.
- ¿Dónde has quedado? ¿Te acerco?
- No se ni donde he quedado, papá.
- ¿Cómo?
- Pues eso, se que he quedado en el número 30 de la Castellana, pero nada más. Se donde está la Castellana, ¿pero el 30 está al principio o al final?
- Al principio, obviamente.
- ¿Si pero en Colón o en la plaza Castilla? No puedo averiguarlo sin GPS o internet, no puedo preguntarselo a ella ni a nadie porque me he olvidado el móvil en el trabajo. Y aquí, en esta casa los únicos que están son mi padre bibliófilo que lee libros que no venden ni en las librerias y mi abuelo que está en su mundo, simplemente mirando por la ventana.
- Te estoy oyendo – contestó el abuelo de Jon, Xabier – todo tiene solución. El 30 de la Castellana por razones obvias está cerca de Colón, lo que no sé es el lado en el que se encuentra.
- Seguro que salgo por la salida del otro lado, con mi suerte que me caracteriza.
- Creo que lo pone, pero por si acaso, sal por la salida que se encuentre en el lado izquierdo de la dirección del metro. – dijo el padre.
- Claro, qué fácil lo ves tú. De todas formas no tengo tiempo para discutir, iré a Colón pero si está en el otro extremo de la Castellana tendré que volver a coger el metro y llego tarde.
La puerta sonó en toda la casa. Al día siguiente, en la comida de la familia, Jon preguntó:
- ¿Cómo sabiaís dónde estaba ese número?
- Por lógica debía ser así – dijo Ander – las calles de Madrid están numeradas con un orden lógico. El abuelo de tu abuelo vivió la renumeración incluso, y generación tras generación se ha ido manteniendo la lógica y transmitiendo el porqué de ello, pero quizá tu no escuchaste cuando te lo expliqué.
- Ya pero yo con mi GPS tengo suficiente.
- A eso me refería … no escuchaste.
Carlos February 7th, 2010
| El relato anterior realmente se llama “La biblioteca” pero le cambié el título por no desvelar de entrada lo que iba a pasar. Por si alguien le interesa, lo podéis encontrar en formato PDF aquí. |
Carlos February 6th, 2010
Yendo al trabajo en metro, Sebas se puso a leer su nuevo libro, y pasada casi media hora, cuando más metido estaba dentro de él, de repente, alguien se lo quitó de las manos. Sebas se asustó, levantó la mirada y vió a Martina, su compañera de trabajo desde hacía muchos años.
- ¡Me has asustado!
- ¡Buenos días! – Martina sonrió – anda, ¿te has comprado este? Dicen que está bien pero no es mi estilo.
- No, no lo he comprado, no es mio.
- ¿Te lo han dejado?
- No realmente.
- ¿Es de la biblioteca?
- Si, se podría decir que si.
- Uy, hoy no estás muy hablador. Anda toma, guárdalo que casi hemos llegado. Luego seguimos hablando.
FIN
Carlos February 5th, 2010
Y se lanzó:
- Perdona, ¿te puedo hacer una pregunta?
- Claro, por supuesto. Dispara.
- Acabamos de llegar, somos nuevos y no conocíamos esta bibl…este lugar, vaya.
- ¿Cómo? ¿Y cómo habéis entrado?
- Encontramos la llave en la ventana, y ya sabes, la curiosidad mató al gato. Espero que no te haya molestado.
- No, es igual. De hecho, la llave está ahí por algo. No te preocupes.
Sebas superó la tensión del momento y se relajó cuando escucho esa última frase de Lupo.
- Empezaré por el principio. Estáis en una biblioteca, si. No tiene nombre, pero al menos yo la conozco como la biblioteca de
Augusto, supongo que el resto de gente le habrá puesto otro nombre diferente.
- Te escucho – Sebas se sentó en la otra silla, y Toni hizo lo mismo pero en el suelo, abrazándose las rodillas con ambos brazos – ¿por qué de Augusto?
- Augusto es otro senderista, ya con bastantes dolores en su cuerpo como para subir aquí. Pero fue él quien inició “esto”.
- ¿”esto”?
- Si, él desde siempre, desde niño frecuentó estos caminos. Subía aquí a disfrutar del campo, de la soledad y de las vistas. Era muy feliz recorriendo estos caminos. Tenía una costumbre muy particular cuando subía aquí, se apartaba del camino principal y se metía por el bosque, buscaba un árbol y se sentaba en el suelo, apoyándose en él, sacaba el libro que estuviera leyendo en ese momento y se ponía a leer un rato. Y así se pasó mucho tiempo, pero luego pensó que si escondía bien el libro, no tendría que estar subiendo y bajándolo cada vez que venía, que creedme, era muy a menudo. Buscó un buen escondrijo y metió el libro, y durante años, pasó tiempo subiendo aquí a leer, sin libro en la mochila, salvo cuando había terminado el libro y tenía que traer otro
- Qué curioso.
- Algún día subía algún libro de más y lo escondía junto a otros, tenía ya unos cuantos aquí escondidos. Hasta que alguien, descubrió el escondite.
- Y se los robaron – dijo Toni.
- No, afortunadamente la persona que lo encontró tenía buen corazón y no robó ningún libro, pero si que cogió uno, a cambio dejó el que llevaba en la mochila ese día. Pasó el tiempo y fueron intercambiando libros, primero esas dos personas pero luego se añadieron más. Obviamente, había que dar una solución, porque a aquel ritmo llenarían la montaña de libros.
- ¿Qué hicieron? – preguntó Sebas.
- Augusto decidió construir esta pequeña sala. Con sus propias manos, y la ayuda de familia y amigos la construyeron casi de forma clandestina, haciéndola parecer vieja y ruinosa, para que nadie se extrañara, la idea era convencer al que no conocía el juego de los libros que esto era una ermita abandonada, cerrada por las autoridades y sin posibilidad de ser visitada. Gracias a la ayuda de tanta gente, pronto quedó inaugurada esta biblioteca. Augusto puso sus reglas, después de todo, era el artífice y no quería que se descontrolara. Las reglas eran simples, todo aquel que quisiera sacar un libro de la biblioteca debía dejar otro a cambio, al menos uno pero podía dejar más si quisiera, y aunque no había plazo para devolverlo, tarde o temprano debía hacerlo y traerlo de vuelta. Como tercera y última regla, nadie debe decir nada sobre este sitio a nadie excepto a su familia más cercana que inevitablemente se podía preguntar de donde salían los libros que llevaba alguien a casa.
- Increíble. Me parece increible que algo así haya pervivido durante… ¿Cuánto? ¿dos, tres, cinco años? – preguntó Toni, entusiasmado.
- Muchos más, casi treinta ya. La historia completa, más detallada, la podéis encontrar en algún libro de la biblioteca, un compañero la escribió en señal de gratitud a Augusto.
- Tengo una duda. El que no aparezca en el mapa, ¿es casualidad?
- No – Lupo esbozó una sonrisa – Augusto confiaba mucho en la gente, pero en el fondo sabía que si aparecía en el mapa, esto se llenaría y más pronto que tarde, alguien se aprovecharía de la situación. Un libro no vale nada, pero si es gratis, la gente lo cogería sin miramientos, ¿no?
- Si, me temo que si – dijo Sebas – ¿cómo lo hizo entonces?
- Augusto era cartógrafo de profesión. Se ofreció al ayuntamiento para elaborar los nuevos mapas de los montes, haciéndole creer que los antiguos estaban obsoletos y contenían muchos errores. Realmente no había tantos, pero Augusto les convenció que era necesarió elaborar los mapas desde cero y se ofreció a hacerlo gratis para conseguir que el ayuntamiento le aceptara como cartógrafo.
- Claro, y así consiguió dejar esto en blanco totalmente.
- Exacto. Lo dejó en blanco, nadie en el ayuntamiento se preocupó de cotejar nada, se imprimieron y distribuyeron los mapas; y hoy día afortunadamente, a la vista está, sigue apareciendo en blanco sin que nadie haya hecho nada.
- ¿Podemos curiosear?
- Por supuesto, ya conocéis las reglas, respetadlas por favor.
- Confía en nosotros, lo haremos.
Estuvieron un rato ojeando los libros, ya no pasaban sus manos sobre los lomos con miedo, ya lo hacían convencidos, como si estuvieran en una biblioteca de la gran ciudad. Eligieron uno cada uno y dejaron los que habían traído. No habían terminado de leerlos, pero no les importaba, de alguna manera, al cambiar los libros se sentían parte de aquel proyecto de Augusto, de aquella original idea y eso les compensaba.
- ¿Debemos dejar los libros en algún lugar especial? – preguntó Toni.
- No, dejadlos dónde queráis, en cualquier estanteria. Algún día deberíamos ordenarlos de alguna forma, si os aburrís y tenéis tiempo, no dudéis en hacerlo – Lupó les guiñó un ojo.
- Perfecto, los dejamos aquí – Sebas había elegido la estanteria más cercana a la puerta para dejar ambos libros – Ahora nos marchamos que se nos ha hecho tarde.
- De acuerdo, pasadlo bien lo que queda del día. Yo seguiré leyendo un rato y en seguida bajaré también – les despidió con una amplia sonrisa.
- Cuídate Lupo, nos volveremos a ver – Toni alargó la mano a Lupo. Sebas hizo lo mismo inmediatamente después.
Recogieron sus mochilas, se ataviaron y salieron de la biblioteca. A buen ritmo estaban descendiendo hacia sus casas, la emoción, además de la posible preocupación de sus respectivas mujeres por la tardanza, les hacía ir más deprisa que de costumbre, arriesgando incluso a torcerse algún tobillo en la bajada del monte.
Pero llegaron abajo sin ninguna complicación, cogieron el coche y el conductor, Toni, primero acercó a Sebas a su casa, para luego continuar hasta la suya.
Ambos descansaron bien, con un nuevo libro en la mesilla de noche, un libro que tenía polvo, pero que olía a monte, caminos, senderistas, etc. y eso multiplicaba su valor de forma incalculable. El día siguiente era lunes y había que madrugar para ir a trabajar, ni Toni ni Sebas vivían de sus rutas de fin de semana, necesitaban trabajar para poder seguir sobreviviendo en la jungla urbana.
Continúa …
Carlos February 4th, 2010
De repente la puerta se abrió, y asomó por ella la cabeza de un senderista.
- ¡Hombre! Hoy tengo compañía – dijo con entusiasmo el nuevo visitante, dejó la mochila apoyada en una silla y alargó la mano a Toni que era quien más cerca estaba de la puerta.
- Si… esto… – balbuceó Toni, casi como un niño pequeño.
- Me llamo Lupo, o al menos así me llaman, ¿quiénes sois vosotros?
- Hola, yo soy Sebas y este es mi compañero Toni, somos de por aquí – le correspondió Sebas el saludo a Lupo.
- Encantado de conoceros, ya hacía tiempo que no veía a nadie por aquí.
El recién llegado se sentó en la silla, junto a su mochila y empezó a desabrochar las cintas de la parte superior. Movía las manos con gran agilidad, pero hablaba todavía más rápido, contrastaba con la tranquilidad y la lentitud de Sebas y Toni, sobre todo en aquel momento de incomprensión.
- A ver dónde lo tengo…si, aquí está – sacó un libro de la mochila, tapa dura y lomo oscuro y sobrio, desde luego no era un cuento infantil – hoy dejaré este, he estado toda la semana leyendo el doble de lo habitual, con la idea de terminarlo y poder dejarlo. No se si será muy ameno pero es interesante, trata sobre los pueblos íberos que se asentaron en estos montes antes de la llegada de los romanos.
Toni y Sebas no entendían mucho, dudaban entre preguntar o dejarlo estar y salir de allí por el mismo sitio que habían venido.
Pero Sebas, mucho más tímido que Toni, recordó una frase que en el colegio le repetían muy a menudo: “Más vale un minuto de vergüenza que una vida de ignorancia.”
Continúa …
Carlos February 3rd, 2010
Como si fueran dos críos, con algo de miedo, metieron la llave en la cerradura y la giraron. Se esperaban que no funcionara, pero abrió a la primera. Empujaron la puerta lentamente, tenían la sensación de estar robando, sudaban más que cuando llegaron a la cima de la pequeña colina.
- ¡Guau! – fue la primera palabra de Toni
No parecía una ermita, ni una iglesia ni nada que ver con ningún santo. Casi tropezaron con una mesa de despacho antigua que había a la entrada, tenía unos papeles garabateados y un vaso con lápices y bolígrafos haciendo de pisapapeles.
Parecía más una biblioteca con aire antiguo. En dos de las cuatro paredes había grandes estanterías llenas de libros. Pasaron los dedos por encima de los lomos de los libros pero sin atreverse a coger ninguno, simplemente ojearon los títulos. No parecían tener un orden concreto, ni por autor ni por tema ni nada. Había de todo en aquellas estanterias: best-sellers, grandes obras de todos los tiempos, novedades recien sacadas a la venta, facsímiles, revistas, libros de texto, infantiles, etc. No se escapaba ningún género ni tipo de libro.
El resto de paredes estaban adornadas con varios mapas. En el mapa de la comarca estaban señalados todos los senderos que cruzaban los montes donde se encontraban en ese momento. Había algunos puntos clave rodeados con un círculo de rotulador negro y anotaciones en los bordes de los mapas.
La habitación se completaba con otra austera mesa en el centro con una montaña de papeles encima y dos sencillas sillas alrededor de la mesa.
Ambos, Sebas y Toni, se cruzaron una mirada de incompresión. No entendían que era aquello, con forma de ermita por fuera y de biblioteca por dentro, en el medio del monte, y sin estar señalizado en el mapa.
Continúa …
Carlos February 2nd, 2010
El sendero a ratos no parecía tal, había que intuir mucho por donde seguir. Las ramas de los árboles habían crecido de tal manera que lo tapaban parcialmente, no obstante a veces se abría tanto que parecía que terminaba en un simple claro. Afortunadamente, la intuición de los dos funcionaba y avanzaban a buen paso, incluso se permitían el lujo de ir comiendo las dos barritas energéticas que habían dejado fuera.
Anduvieron unos 15 minutos con una mezcla de sensaciones, por un lado la emoción por avanzar hacía algo que desconocían, últimamente se tiene tanta información que no es una sensación frecuente, y por otro la sensación de extrañeza por estar siguiendo algo parecido a un sendero hacía un lugar desconocido alargando la ruta del día y que muy probablemente no aportaría nada especial
Sebas, que iba primero, se paró en seco e hizo a Toni apartarse a un lado para no arrollarlo. Levantaron la vista y supieron que habían llegado al final del sendero, miraban asombrados, no esperaban encontrar aquello.
- ¿Qué es esto?
- Parece una ermita, pero ¿cómo es posible que haya una ermita aquí y no aparezca en el mapa topográfico nacional? – Toni se mostraba casi indignado.
- Estas cosas pasan, quizá sea de reciente construcción y no les haya dado tiempo a incluirlo en esta edición. O simplemente, no siguieron el sendero, supondrían que no habría nada más, o incluso se pudo acabar el dinero para pagar a los responsables de cartografiar la zona, ¡qué se yo! – le contestó Sebas.
Rodearon la pequeña construcción buscando algún dato sobre la misteriosa ermita. Lo hacían por motivos muy diferentes, mientras Sebas lo hacía por curiosidad, Toni lo hacía por completar los datos técnicos en su cuaderno.
- Si es una ermita, tiene que estar construída para venerar a alguien. Si no, no es una ermita. No se lo que es, no tiene ningún cartel ni nada que indique qué es esto – dijo Sebas.
- Cierto, pero saldremos de duda – le respondió Toni, mostrándole una pequeña llave – estaba ahí, enterrada en la arena del alfeizar del ventanal, tras los barrotes.
Continúa …
Carlos February 1st, 2010
Sudando, se sentaron encima de dos piedras. Como si fueran gemelos, mantenían la misma pose: las manos en las rodillas, el cuerpo inclinado hacia delante, la boca abierta y la respiración agitada.
- ¡Buah! ¡Estoy muerto!
- Si, yo también. Este último tramo ha sido más duro de lo esperado pero lo hemos conseguido, hemos llegado a la cima, Toni.
- Ha valido la pena, echa un ojo a las vistas sobre la ciudad.
Sebas se levantó y se acercó al saliente, las vistas eran preciosas. Se divisaba la gran ciudad por completo, de punta a punta. Tenían cierta experiencia senderista en tierras lejanas a la suya pero nunca habían subido a aquel monte tan cerca de casa, quizás por menosprecio a una ruta que prácticamente no aparecía en ninguna guía ni era muy comentada entre los amigos y compañeros de fatigas.
- Es increible, me encanta la vista. Voy a echar una ojeada alrededor, no te muevas.
Mientras, Toni se quedó contemplando el paisaje, también estaba fascinado. Se divisaba la mayor parte de edificios representativos de la ciudad como la catedral, el palacio real, el estadio de fútbol, los rascacielos de la zona financiera, etc. Pasados unos minutos se dispuso a escribir en su cuaderno los datos técnicos. Apuntaba cuánto tiempo les había llevado subir, la distancia que marcaba su GPS de mano, el perfil aproximado de la ruta, los hitos más importantes del camino, etc. Empezaba a ponerse nervioso al ver que Sebas no volvía, pensó que le podría haber pasado algo pero no, apareció al rato.
- Toni, ¿qué dice el mapa de aquella zona? – dijo Sebas señalando el lugar por el que había aparecido.
- Déjame ver – Toni escrutó el mapa –Es raro, no aparece nada.
- ¿Nada?
- Si, nada. No hay ni vegetación según el mapa, pero no hay caminos, ni fuentes, ni nada. El mapa no indica nada, debe ser un error de imprenta; no estamos en el sitio más turístico del mundo pero estamos a 20 kms de una ciudad de 3 millones de habitantes.
- Extraño, hay un sendero tras los matorrales pero apenas se ve.
Se acercaron a aquellos matorrales.
- Puede ser un antiguo camino – dijo Sebas – a algún lado llevará.
- Sea lo que sea, recogemos nuestras cosas y nos volvemos. Ya hemos hecho el monte, podemos poner otra aspa a nuestro historial.
- Sigamos el camino, no se trata de poner aspas.
Toni aceptó a regañadientes, él tenía muy claro a qué había venido. En estas cosas a menudo chocaba con Sebas, mucho más impulsivo e imprevisible que él. Dejaron fuera dos barritas energéticas para recuperarse del esfuerzo y recogieron el resto de cosas, cerraron las mochilas y apartando la maleza, se adentraron en aquel pequeño sendero que se dirigía a la nada.
Continúa …